No me lo creo ni que me lo digan cantando. Siempre está cayendo el número uno, siempre detienen al jefe, al más sanguinario, esto se parece más a un teatro que a otra cosa y por lo visto no hay intención ni voluntad política por parte del estado de que la representación tenga un final porque de una u otra forma, eta es un asunto muy rentable políticamente. Ahora toca esperar la siguiente escena. Creo que también detienen al número uno.
28.2.10
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