Notas:

21.7.16

LA JAULA DE LOS MUERTOS. EL CLAVICOTE DE ZOCODOVER EN TOLEDO

Para llevar a efecto esta labor piadosa se instaló en el Zocodover, en fecha desconocida, el llamado clavicort (más tarde llamado clavicote), un catafalco enrejado y cubierto con una cúpula en donde se exponían los cadáveres de los pobres difuntos para recoger limosnas y proveer su entierro. Estaba colocada de manera habitual en la mencionada plaza, a la sombra de la tarde, a la entrada de la Calle Ancha (hoy del Comercio), para evitar la fetidez de los cuerpos pues era zona más ventilada, y se trasladaba sólo cuando estorbaba a la celebración de actos o festejos.

En el año 1766, con ocasión de uno de estos traslados, surgió la polémica sobre la conveniencia de situar el clavicort junto a la Cochera de la Reina, frente al Hospital de Santa Cruz (en aquellos momentos de niños expósitos), puesto que en esa ubicación la visión del cadáver por la noche, podría asustar a las mujeres que fuesen a dejar niños en el torno, con grave perjuicio para la salud de las criaturas. El rector de Hospital, quejándose del acuerdo alcanzado por el Cabildo y la Cofradía,lo expone así al Consejo de Castilla:

“El día trece de este mes se halló con la novedad de estarse colocando enfrente de dicho Hospital y a la salida del arco y calle que baja a Zocodover, el cajón que la Cofradía de la Caridad ha tenido hasta ahora para recoger en él los cadáveres de los pobres difuntos, nuestros hermanos , cuya sepultura corre a su cargo, ocasionándose de esto graves e irremediables perjuicios a la conducción fácil y segura de los niños que se exponen en dicho Hospital, pues acaecerá muchas veces que, llevándoles en la obscuridad de la noche pobre mujeres débiles y en lo regular de de cualquiera cosa asustadizas, se retraigan de la conducción. Y si por un lado sobrecogidas del temor que infunde siempre el delito y peligro de ser conocidas en menoscabo de su honra o de las personas a quien estiman, y por otro la lobreguez de la noche y soledad del sitio ocasionan un más que regular pavor, ¿qué será si al salir del dicho arco de la dicha plaza y bajar el poco de calle que resta se hallan con un cadáver puesto en dicho cajón o jaula alumbrado de dos o más melancólicos faroles? Claro está que con el pronto susto arrojarán la criatura, se volverán no atreviéndose a llegar hasta el torno por horror que las causará tener enfrente el cadáver.”