Notas:

12.12.16

LA VELOCIDAD Y EL TOCINO

Hemos alcanzado tal estado de perversión y envilecimiento mental con las fiestas de Navidad que está ocasionando sobre todo dos efectos:

1.- El de aquellos que alucinan con tanta bombilla de discoteca que los ayuntamientos colocan por las calles, confundiendo y haciendo creer a la gente que la Navidad es un carnaval, en donde están proscritos los símbolos religiosos católicos,  y solamente se permiten para la ocasión las lucecitas y destellos de colores.

2.- El de quienes desvarian equiparando la Navidad con las vacaciones, la paga extraordinario y el consumo, lo cual tiene cierta lógica en un país de más de tres millones de funcionarios.

A unos y a otros les trae al pairo el origen de la Navidad o el nacimiento de Cristo. Se trata de agarrar una buena melopea y de holgazanear lo más posible. Son las navidades laicas, por lo civil.

A algo así aspiran también buena parte de quienes confunden  el Camino de Santiago con una competición deportiva de orientación y resistencia.

Los unos y los otros, malditos seais.