Hoy hice una visita a mi frutero, no era una visita de cortesia sino puramente comercial para comprar fruta. Además de otras varias cosas le pedí que me vendiese un melón. El hombre tenía allí, en una estanteria, unos 8 ó 9 melones, todos muy hermosos. Estuvo tocando unos cuantos y eligió uno. Me dijo: "Este es el bueno". Yo le pregunté si estaba maduro y rico y él, sin dudar un instante señaló que era el mejor que tenía y con una sonrrisa como la de quien sabe lo que se trae entre manos, frente a un ignorante como yo, me espetó: ¿quiere que le diga porqué?, a lo que yo, como es natural no le puse impedimento. Me dijo que ese melón que me ofrecía era "hembra" y que en el mundo de los melones, las hembras son más ricas, más dulces, más redondas, más carnosas y en definitiva, mejores piezas y más apreciadas que los melones machos, como en la vida misma, pensé yo. El hombre cogió otro ejemplar, esta vez de un melón macho y lo colocó al lado del melón hembra que trataba de venderme a fin de que observara las diferencias. Me quedé perplejo con lo que estaba viendo. El macho era más achaparrado, más pequeño, menos voluminoso, pesaba menos, por lo tanto, tenía menos carne. La hembra lucía con toda su redondez y esplendor, era algo así como ver a un tío canijo y enjuto al lado de una despampanante, redonda y hermosa mujer.
Camino de vuelta a mi casa iba pensando que tal vez todo lo que me había contado mi frutero acerca de los melones machos y los melones hembras era un cuento y que en realidad lo que pretendía era venderme un melón de mayor peso. Ya en el interior de mi morada pude comprobar, cuchillo en mano, que todo cuanto había certificado con el sentido de la vista y el tacto también era rigurosamente cierto con el sentido del gusto; partí la melona por la mitad y le metí el diente hasta casi terminarlo. ¡ Toda mi vida comiendo melones y yo sin enterarme, hasta el día de hoy, que también existían las melonas que son la quinta esencia del melonar !
30.7.08
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