Como Dante, Mariano viaja a los infiernos. Cae al peor de los círculos donde Gerión castiga a los fraudulentos, defraudadores, estafadores y falsarios.
Como Dante, Mariano desciente al Cocito, al sumidero final del infierno a donde refluyen todos los ríos, allí están sepultados por el hielo los traidores políticos a su patria, los traidores a sus benefactores, continuamente afectados por las frías ráfagas de viento producidas por las alas de Lucifer.
Pero a diferencia de Dante, Mariano desea quedarse a vivir en el infierno, con los demonios. No quiere pasar al hemisferio antártico para ver las estrellas.









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