Estaba muy malquista en todo mi monasterio porque quería hacer monasterio más encerrado. Decían que las afrentaba, que allí podía también servir a Dios, pues había otras mejores que yo; que no tenía amor a la casa; que mejor era procurar renta para ella, que para otra parte. Unas decían que me echasen en la cárcel; otras, bien pocas, tornaban algo de mí. Como no había de decir lo principal, que era mandármelo el Señor, no sabía qué hacer, y así callaba.
Lo que mucho me fatigó fue una vez que mi confesor,- en esta multitud de persecuciones-, me escribió que ya vería que era todo sueño en lo que había sucedido, que enmendase de allí adelante en no querer salir con nada ni hablar más de ello, pues veía el escándalo que había sucedido; y otras cosas, todas para dar pena (Vida. Santa Teresa)









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