Notas:

26.11.13

MARIANO ESTÁ TRISTE, ¿QUÉ TENDRÁ EL MARIANO?

Mariano está triste... ¿Qué tendrá el Mariano?
Los suspiros se escapan de su boca de ano,
que ha perdido la risa, que todo se le empaña.
Mariano está pálido en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desangra España.

La Moncloa puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchin, Mariano dice cosas banales,
y vestido de rojo piruetea el bufón Gallardón.
Mariano no ríe, Mariano no siente;
Mariano persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de su inutil función.

¿Piensa, acaso en cómo soltar a todos los criminales,
sin que se le noten sus mentiras judiciales,
o en el qué dirán cuando les hace la genuflexión?
¿O en el rey de la insula catalana,
para liarse como una persiana,
o en su próxima traición?

¡Ay!, el pobre Mariano de la boca de ano
quiere ser golondrina, quiere ser marrano,
tener alas ligeras, y con eta volar;
ir a Cataluña por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los vascos con sus trolas de mayo
o perderse con pederastas sobre el trueno del mar.

¡Pobrecito Mariano no nos manipules!
Estás preso en tus oros, estás preso en tus tules,
en la jaula de mármol de tu palacio presidencial;
el palacio de soberbia que vigilan los guardas,
que custodias con tus cien asesores con tus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(Mariano está triste, Mariano está pálido)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la España que perdiste,
—Mariano está pálido, Mariano está triste—,
culubreando con eta igual que lo hace un reptil!

—«Calla, calla, Mariano —dice el hada madrina—;
en caballo, con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el horror,
el feliz terrorista que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la muerte,
a encenderte los labios con su beso de terror».

(Imploro el perdón de Rubén Darío).

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