Mientras tanto en España nos ponemos a discutir si esto de la Hispanidad es cosa de galgos o de podencos:
Por entre unas matas,
seguido de perros,
no diré corría,
volaba un conejo.
De su madriguera
salió un compañero
y le dijo:
- Tente amigo, ¿qué es esto?
- ¿Qué ha de ser?, responde;
sin aliento llego...;
dos pícaros galgos
me vienen siguiendo».
- Sí, replica el otro,
por allí los veo,
pero no son galgos.
-¿Pues qué son?
- Podencos.
- ¿Qué? ¿podencos dices?
- Sí, como mi abuelo.
- Galgos y muy galgos;
bien vistos los tengo.
- Son podencos, vaya,
que no entiendes de eso.
- Son galgos, te digo.
- Digo que podencos.
En esta disputa
llegando los perros,
pillan descuidados
a mis dos conejos.
Los que por cuestiones
de poco momento
dejan lo que importa,
llévense este ejemplo.









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